
Texas bass
Juan Pablo Gozio
Cruzar la frontera es una oportunidad para descubrir una pesca nueva, algo fuera de lo común. Siempre se me “cae” un equipo de pesca portátil en las valijas, con un surtido de señuelos seleccionados de acuerdo a la información bajada previamente de la web y comentarios de amigos en la zona. El destino era otra vez Estados Unidos, país bendecido por infinitos cursos de agua con una diversidad acuática envidiable. Estaba bien pertrechado para una nueva misión, con la expectativa de encontrar algún pesquero accesible de bass para los momentos libres que serían ultra escasos. Decidí que pescar caminando la costa era la mejor opción y la más flexible, además sería posible encontrar algunos peces gracias a las temperaturas cálidas que acompañaban principio del otoño. Debía tener muchísimo cuidado porque hay variedad de especies de víboras venenosas que comparten la zona de pesca costera. Unos amigos que viven en Texas me prohibieron bajar aleatoriamente a cualquier charquito cerca de la ruta a probar suerte. La pasión puede más, así que me armé de coraje, prudencia y unas buenas botas, y emprendí la misión al Lake Conroe, cerca de Houston.


En la pesca de bass es necesario cambiar el equipo tantas veces como técnicas utilicemos. Hice un promedio dictado por la falta de alternativas en mi equipaje y empecé pescando el equipo que había llevado, una TECH Gozio de 6´ en 8-14 libras, combinada con un Quantum KVD de 7:1, cargado con multifilamento TECH Max8 de 0,25 mm. Siempre que empiezo a pescar un lugar desconocido lo hago con señuelos versátiles de búsqueda, para tomar noción de la topografía del fondo acuático. Encuentro ideales para esta búsqueda los spinners de cualquier tipo, en diferentes pesos, tamaños y diseño de cucharas. Su variabilidad permite trabajarlos a distintas profundidades y buscar el nivel en que piquen los peces, sin enganchar. Tamicé agua cubriendo todas las posibilidades hasta que me convencí del bajo potencial del lugar dónde estaba estancado. Me moví, con cautela, mirando cada pisada, en busca de una bahía baja distante unos doscientos metros y sobre la que golpeaba la leve brisa cálida. Ahí se acumularía el agua superficial tibia y los bass deberían estar activos tras pequeños peces. Jubilé momentáneamente los spinnerbaits y até el innovador paseante de látex antienganche Money Hound de Yum. Como buen foráneo me costó encontrar las estructuras y las posiciones de acecho, estaba muy seteado para pescar tararira y no las había… Los tiros eran angulados, tratando de copiar la costa y pasar por el verilcito que apenas se distinguía. En el cuarto tiro paseando el perrito lentamente y justo dónde imaginé que estarían, un gran bass abrió su bocota y atacó agresivamente el señuelo.


No era mi primera experiencia con bass, pero este era el más grande que había pescado y me tomó desprevenido. Ese bass de unas 7 libras me regaló una pelea emocionante, plagada de saltos y corridas que concluyó con la devolución, luego de sacarle el anzuelo de las profundidades de su garganta. La boca grande del bass hace que cualquier señuelo parezca minúsculo, además es carnosa, convirtiéndolo en la panacea de la clavada. Aquella duda que siempre teníamos sobre cómo hacían para direccionar el ataque solamente a la parte del jig (que contiene el anzuelo) en los spinnerbaits, dejando las cucharas, quedó salvada… Tienen una boca que puede succionar todo!

Entusiasmado por este primer pique, quería probar otras técnicas que conocía en teoría gracias a libros, videos, ESPN, youtube y revistas americanas pero que nunca había experimentado. Busqué un anzuelo para señuelos de látex y “encarné” una robusta lombriz de goma de unos 13 centímetros en la forma antienganche y verifiqué un funcionamiento bien natural. Me sentía Kevin Van Dam pescando el Bass Masters! Hice varios tiros probando distintas recuperaciones, hasta que sentí una suave succión traducida en un afloje. La memoria registró el evento y el brazo se movió solo, sintiendo la resistencia de un bass más pequeño que el anterior. Otra pelea divertida, la foto clásica del bass agarrado del labio inferior, piquito en la naricita emulando a Jimmy Houston y de vuelta al agua. Saqué un par más con lombriz de goma hasta que se perdió y, cambié a una rana de látex Money Frog de Yum que es antienganche total y cuya conformación de las patas es ideal para trabajar a alta velocidad rayando la superficie. Varios peces más sucumbieron explosivamente ante ese caramelo y, satisfecho, decidí volver a cambiar la técnica. Estos bichos se comían todo!


Para pescar de fondo con jigs es necesaria profundidad, estructura y pescar desde arriba. Caminé hacia un arroyo encajonado al que podía pescar desde sus bordes en forma vertical, bajando y subiendo el jig en los puntos clave, a los que accedía con técnicas de lanzamiento de flipping & pitching. En estas circunstancias es necesario utilizar una caña con potencia cerca del mango que permite arrancar los peces clavados en densa estructura de vegetación, dónde la pesca con jigs es más efectiva. Este estilo de pesca es tremendamente técnico y requiere precisión y exquisitez en los tiros. Hay que tocar el agua con delicadeza para no espantarlos y dejar hundir con suavidad, jigs que pueden pesar hasta una onza. Una vez que se llega al fondo, se puede trabajar rebotando en esa posición unas veces y si no hay respuestas se puede ir subiendo en la columna de agua. Así lo hice pero no me fue tan fácil como en las otras técnicas. Media hora probando distintos jigs y trailers (látex que se cuelga para agregar movilidad y perfil al jig) hasta que encontré uno azul y negro, diseño de Denny Brauer que él mismo me recomendó en un encuentro en Las Vegas. Denny tenía razón, dos bajaditas y fue succionado entero por un bass mediano. Tres libras de pez y diez libras de una densa vegetación eran difíciles de levantar, aún con la potencia de la GOZIO. Salió vestido de una ensalada de hydrilla (gambarrusa de la nuestra) y con el jig en el paladar superior. Clavada de manual. Fotito, recuerdo y agradecimiento mental para Denny, devolución y a buscar otro. En el arroyo había ese solo dispuesto a alegrarme así que volví a cambiar de técnica. Tenía ganas de probar todo! Vamos por los crankbaits.

Cuando abrí el bolso para elegir el crankbait, un lipless XCalibur XRS75 rojo se salía de la caja. Lo había bautizado como Satán luego de haber demostrado su efectividad con dorados y tarariras. Cambié de zona, busqué una costa más profunda, con un veril a 15 metros de la costa y, haciendo tiros oblicuos, pasaba constantemente con mi crankbait por el borde del veril y lo subía al agua baja. En cada golpe con estructura subacuática la paleta lo despegaba del enganche y seguía raspando el fondo, ahí dónde es mortal. Acá estaban acardumados y atacaban tiro a tiro a Satán que, con mirada enojada y autosuficiente, los traía de la narices para la foto conmigo. Tan entusiasmado estaba con la pesca que olvidé la amenaza de los ofidios y cuando recobré conciencia estaba en medio de un pastizal alto. Las voces de advertencia de mis amigos sonaron con eco y, casi corriendo, busqué una zona de pasto bajo. A unos metros de dónde había sacado el primer bass con rana, una culebrita salió corriendo y se metió al agua, acelerándome el ritmo cardíaco por unos minutos.


El sendero pavimentado que me llevaba de vuelta al estacionamiento brindaba una vista panorámica del lago, de la cual disfrutaba cada vez que me animaba a descuidar mis pies. A lo lejos, la bandera del sureño estado de Texas con su estrella apenas ondulaba en el embarcadero, gracias a la cálida brisa que nos había acompañado durante este día de pesca otoñal. Las lanchas suntuosas con motores duales volvían a sus madrigueras, luego de pasar otro día al aire libre practicando la actividad tan arraigada en la cultura americana. Otro día en el agua que daría lugar a historias, anécdotas y al recuerdo de aquel gran pez que se escapó. Los señuelos que funcionaron irían obteniendo un lugar condecorado en las cajas y aquellos que defraudaron tendrán un futuro ermitaño. Las bromas por capturas pequeñas o desbalances abultados en los conteos de capturas habrán estado a la orden del día. Cada pescador salía luciendo orgulloso coloreadas camisas emulando a los famosos pescadores del tour. Varios imitadores de Kevin Van Dam o Jimmy Houston, que copian a sus ídolos como religión. Algunos padres compartiendo la jornada con sus hijos, incluso nietos, transmitiendo la tradición. De a poco el bullicio y los motores se iban apagando y la oscuridad y el silencio daban espacio para escuchar los sonidos naturales de ranas, patos y cigarras. Así terminaba otro día de pesca de la leyenda americana, el bass. Escuché un cascabeleo en mi caja de señuelos que me petrificó pensando en una serpiente. Era un Heddon Super Spook, con su forma elongada, que me miraba serio diciendo: “te olvidaste de mi!”. La próxima, querido Heddon, la próxima… Pesquen con inteligencia.


Bass, la leyenda americana

El bass (Micropterus salmoides) es el pez más pescado del mundo, contando con fanáticos en Estados Unidos, Europa y Japón que lo pescan por esparcimiento o competencia. En el sur de Brasil fue introducido con éxito en embalses, estableciéndose a su alrededor operaciones turísticas de nivel. En Estados Unidos está presente en casi todos los ambientes de agua dulce del país, incluyendo los más simpáticos como las lagunas decorativas de canchas de golf y hoteles, y los lagos interiores del Central Park de New York, dónde he podido capturarlos con mosca. Los estados del sur tienen mayor cantidad y calidad de este pez.
Es un pez perciforme color verde oliva, marcado por una serie de manchas negras a lo largo de sus flancos, como acompañando la línea lateral hasta la cola. Su fortaleza en la pelea demuestra que su parentesco con nuestras percas es bien lejano. Su tamaño para pescarlo deportivamente empieza en una libra (450 gramos) hasta lo que la suerte nos permita, siendo un bass de 5 libras un pez más que interesante. Durante 77 años el récord mundial lo tenía George Perry en un lago del estado de Georgia con un monstruoso bass de 10 kilos. En el 2009 este récord fue batido por un japonés americano gracias a trofeo unos gramos más pesado que aquel bass de 1932. El récord japonés es de 7,560 kilos.
El bass se alimenta de pequeños peces, camarones, insectos, cangrejos, ranas, víboras, pájaros y todo lo que caiga en su territorio y entre en su boca. Es un pez muy glotón pero a la vez, bastante selectivo para pescarlo. Caza oculto, al acecho y arremete las presas en forma similar a nuestra tararira.
En la pesca de bass se usan muchos equipos en función del señuelo y técnica que apliquemos. Los pescadores profesionales tienen armados entre 5 y 10 equipos completos para responder a los cambios de técnica y para no perder tiempo en caso de corte. Todo un paraíso para las empresas que comercializan artículos de pesca!






